El futuro en el que no podrán matarnos


Autoría: Andrea Alvarado Vargas. Periodista.

Estamos en el 2050 y las mujeres seguimos teniendo cientos de años de vivir bajo un sistema  opresor que se construyó sobre la discriminación, la desigualdad y la explotación de todo ser viviente y no viviente. Pero que se ensañó particularmente con las mujeres y las personas más vulnerables. 

Ese sistema depredador ha empezado a estar mucho más controlado en las últimas dos décadas, sobre todo, por las terribles consecuencias generadas por este modo de vida liderado por hombres acaparadores de riqueza y poder, y por el hartazgo de la gente, que ya sin importarle límites terrestres o nacionalismos, se juntó de acuerdo a necesidades y desesperaciones puntuales. 

Es así como las mujeres organizadas en todo el mundo, decidimos acciones más allá de fronteras terrestres y antiguos prejuicios y exigimos el uso de herramientas tecnológicas efectivas para evitar los feminicidios. 

Cuando se instauró la portación del dispositivo GPS entre las mujeres con algún riesgo de violencia, hace 15 años, entendimos que aunque se enviara una señal de alerta satelital que entraba a una red de atención de emergencia estatal, la respuesta de la policía local seguía siendo tardía, desinteresada o cómplice.

Los GPS repartidos entre todas las mujeres que denunciaron algún riesgo de violencia, son ahora tan pequeños como un anillo, un arete o un dije y con una señal satelital de varios kilómetros de radio. De manera que era imposible que una señal de alerta de una mujer en situación de violencia, no se recibiera de inmediato y se identificara de quién se trataba y en qué zona se ubicaba exactamente.

Aún así las respuestas y soluciones no llegaron. En ese punto decidimos que era hora de exigir mundialmente una atención inmediata y real ante cada alerta generada por las mujeres con los dispositivos GPS. Los gobiernos, una vez más, no respondieron prontamente a esta solicitud y las cifras de feminicidios continuaron, fue entonces cuando creamos el círculo de hackers. 

Ellas sí pudieron dar seguimiento inmediato a las señales de alarma generadas por los GPS de todas las mujeres en riesgo. Así logramos actuar más rápido que la policía y dejamos ver toda la misoginia, complicidad e inoperancia de esos sistemas gubernamentales. Pudimos evitar feminicidios y aportamos datos de calidad que llevaron a sentenciar a los asesinos. Poco a poco los gobiernos han ido respondiendo con más agilidad y con el sentido de urgencia que el tema merece. Con ello se redujo el eterno y mortificante problema de impunidad.

El éxito logrado traspasó toda red social (todas nos encargamos de compartir todo a nivel global). Después logramos que poco a poco se dieran clases de derechos humanos y de defensa personal desde la enseñanza primaria. Entonces las niñas y jóvenes aprendieron a defenderse y ahora todes conocen un poco más sus derechos y responsabilidades. 

Los asesinatos de mujeres han disminuido por fin. Que lo digan las mujeres de Ciudad Juárez. ¿Por miedo? ¿por la exactitud de los datos a los que tenemos acceso?… o quizás porque ahora se nos enseña que todas las personas tenemos todos los derechos, en cualquier lugar del planeta. 

No lo sabemos, pero por si acaso estamos siempre alertas.

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